1 ene. 2015

El Nudo Catacroker .-



El nudo catacroker que se me queda cada vez que vuelvo de casa.

Empieza en la garganta, y cuando me siento en el tren, se sube a los ojos, pero no sale, porque no me da la gana llorar por haber sido tan feliz, entonces se calma y baja al pecho y allí se queda...a veces dura unos días, otras veces más.

No soy una persona de mundo, soy un ser de mundos, los de mi gente, a los que adoro, a los que amo con devoción, será tal vez, porque no creo en dioses, ni sistemas estelares cabalísticos cósmicos, que la fé me viene de lo orgánico y de vosotros, que hacéis cosas increíbles.

Como vivir, por ejemplo, eso que tan difícil me resulta, siempre.

Me decía mi dude estas Navidades, que si me creía que a ella le resultaba cómodo el papel que le impusieron tiempo atrás, que a todos nos cuesta un mundo levantarnos por la mañana, que no soy yo especialmente torpe a la hora de moverme por la vida, que nos cuesta a todos.

Aún así, sigo pensando que tenéis una elegancia y un savoir-faire del que aprender cada día, no me sentiría capaz de hacer esto de vivir, de no ser con vosotras, vosotros, todos.

Una naturalidad y una falta de ego que admiro, no puedo más que conmoverme al veros tan puramente humanos nobles, en un mundo en el que el selfismo se lo está comiendo todo.

He perdido a más de una y más de dos porque su ego las ha envuelto tanto, que ya no las veo. Cómo duele eso. Cómo duele ver a quien quieres encerradito en su infligida autocomplacencia.

Cómo duelen las cosas que no gustan queridos míos, inmensamente. Y ya sabéis que mi tolerancia al dolor es escasa o nula. Así que no me queda otra que coger la bici y bajar para encontrar el Mar y recordar la poquita cosa que somos.

Por eso me quedo por aquí.

Porque no veo otra manera de enfocarme, de ser quien quiero, si no es junto al Mar.

Eso que quedaba siempre tan lejos, el Mar, ese anhelo infantil, ahora tan cotidiano. Esa amplitud tan necesaria para no terminar encerrada en un ego tontolaba, caprichoso y servil a valores idiotas.

Suerte la mía, mucha, siempre, de teneros tan cerca, tan dentro, tan en mí, como para no olvidarlo.

Ahora voy a hacer uno de esos nudos que no aprietan, que no atan, que son tan sólo cuerdas que dibujan formas preciosas. Esos son los nudos que me conmueven y me hacen ser cada día un poquito más yo.

Sois mi mejor regalo de Reyes, mi tesoro y mi vida.

Os quiero muchísimo. Terriblemente moñas me volvéis y eso me hace inmensamente afortunada cada puñetero, duro, difícil, absurdo día.

Feliz año, feliz vida, feliz con vosotros/tras/tres siempre.

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