28 oct. 2013

Callado muy Callado .-



Callado muy Callado era un chico muy reservado, que siempre se quedaba a un lado observando el ruido que hacían los demás al conversar, intentando comprender su manera de actuar.

A Callado muy Callado no le gustaban las fiestas, ni las reuniones grandes, ni los grupos, ni los bailes, donde siempre se quedaba en un rincón voluntariamente apartado.

No es que no tuviera nada que decir, simplemente era callado porque no encontraba con quien compartir un rato tranquilo de charla feliz.

Callado muy Callado no deseaba nada mas que apartarse de todas las malas emociones, pero veía tantas cada día que eso bastante difícil se lo ponía.

Callada muy Callada era una chica en apariencia apocada, pero quienes la conocían sabían que no era así, simplemente callaba cuando no tenía nada que decir, pero si no, hablaba y hacía siempre sonreír a su gente.

Un mal buen día, uno de esos días en los que parece que el mundo se hace demasiado pesado para cargarlo y la espalda se levanta dolorida del esfuerzo del día anterior por sobrellevarlo, Callado muy Callado sin ganas todo hay que contarlo, acudió a una reunión y en un rincón como siempre a observar se colocó.

Callada muy Callada de su presencia se percató y entonces, entonces a Callado muy Callado se acercó con un helado.

- ¿Quieres? .- preguntó Callada muy Callada a Callado muy Callado al tiempo que el helado le mostraba.

Callado muy Callado un poco aletargado en sus pensamientos, no supo qué decir. Pero sonrió.

- ¿Eso es un sí? .- dijo Callada muy Callada mientras que con su mano el helado le acercaba.

Callado muy Callado, realmente asustado, puesto que todo esto para el era no sólo inusual, sino inesperado. Tan sólo pudo asentir con su cabeza al tiempo que gustaba del frío alimento.

- Y bueno, dime, ¿qué haces tu por aquí?.- Insistió Callada muy Callada a quien no le importaba que Callado muy Callado notara el interés que en ella había surgido hacia él. Puesto que era cierto, le había gustado y nada malo había en hacérselo saber.

Callado muy Callado, como no estaba para nada acostumbrado al contacto con humano, levantó los hombros y abrió la boca pero de ella no salió una sola nota.

- Vaya, veo que te cuesta hablar. A mí también aunque, jeje, nadie me cree. ¿Te parece que salgamos de aquí y tomemos algo los dos en un sitio más tranquilo?

Callado muy Callado totalmente desatinado, señalo a Callada muy Callada y dijo:

- Se te va a caer el helado...por ahí.- Y señaló el cucurucho que se estaba mojando ya, aunque no mucho.

A Callada muy Callada ese comentario la hizo sonreír y como le pareció muy tierno insistió:

- ¿Eso es un sí?.

Y así empezó una larga charla entre dos personas calladas muy calladas un mal buen día mientras un helado compartían.


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