15 nov. 2016

Sobre La Barbarie.-



Ella simplemente no quería entrar en la barbarie. No quería formar parte de la violencia incubada en su especie. No podía soportar ser alimento de esa brutalidad.

Así que cada vez estaba más lejos de todo, cada vez más aislada, cada vez más fuera del mundo.

Todo le resultaba insoportable. Cada gesto era brusco, cada palabra obscena, cada acto devastador.

No veía en el mundo al que debía pertenecer nada que la conmoviera lo mínimo como para querer formar parte de ello.

Todo le resultaba vago, todo acto vano, todo pensamiento manipulado a mal.

Estúpido total.

Todas las palabras las había escuchado antes, todas las frases se repetían sin cesar, con la misma cadencia, la misma tonalidad.

Cada día igual. En verano hacía un calor intenso, tormentas repentinas y muchos incendios.

Y la guerra siempre estaba presente y callada.

En invierno la gente moría de soledad y de frío, los niños tenían regalos, los padres más deudas, las familias más de mentira y la guerra seguía presente y callada.

Otoño, ya no existía más que para los considerados locos. Y de la primavera no se hablaba, salvo al cambiar de ropa.

Y la guerra seguía presente y callada, una muerte más que anunciada pesaba sobre las cabezas abotargadas de la gente, que seguían cada día alimentando la misma rutina.

Estúpido total.

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