10 nov. 2014

El nuevo nueve .-



Soy de Madrid, he crecido en un lugar de nadie y de todos, me han enseñado a hablar con las personas como iguales, sin que importen los apellidos. He crecido en un lugar en el que eres anónimo cuando necesitas serlo y encuentras a un buen confidente en cualquier reunión de amigos.

Soy de Madrid, es un defecto, lo sé, porque nos crían pensando que vivimos en el centro de todo, que somos el centro de todo y nos creemos que todo el mundo es como Madrid.

La burla y la mofa son, tienen que serlo, un constante en nuestras vidas, porque en Madrid todo lo que pasa está llenito de caca y si no te ríes constantemente, lo llevas fatal.

Somos bruscos, directos, incómodamente sinceros, pero es que no tenemos tiempo para perder con quiebros, ni dudas, ni falsas esperanzas. Tenemos el tiempo justo para cada momento y cada momento tiene que ser verdad, porque si no, sentimos que la vida se nos escapa.

Vivimos secuestrados en los medios de transporte, secuestrados entre cuatro paredes, secuestrados en una meseta sin horizonte. No tenemos tiempo para halagos, ni frases globo, ni tonterías. El tiempo se nos escapa.

Soy de Madrid, lo siento, pido perdón, porque no tengo ni idea de lo que me hablan cuando mencionan el hecho diferencial, pido mil perdones porque no entiendo cuando defienden la identidad tras una serie de códigos impuestos. La identidad para mí, te la forjan la familia, los amigos y la gente con quien te compartes, no entiendo a un humano más allá de eso.

Pido perdón por mí y todos mis compañeros, porque no puedo llegar a empatizar como me gustaría con el resto de habitantes de este país de países.

No tengo ni la más remota idea de qué es eso de reivindicar algo que no sea la propia personalidad y siendo de Madrid, eso de tener personalidad siempre ha estado bastante reforzado.

No alienarse es casi un buen rollo, revelarse es un derecho que tienes desde la cuna, cabrearte, casi una imposición cultural.

Me educaron en un cole laico, estudie con cristianos, musulmanes y judíos, no veía la diferencia. 

Me educaron para no ver diferencias entre los humanos, porque somos todos en esencia lo mismo.

Lo siento, soy de Madrid.

La soberbia, la prepotencia y la intolerancia no son rasgos que nos identifiquen, que no os engañen, somos de Madrid. Nos encanta conocer cuanto más mejor, somos curiosos.

No entendemos de diferencias, ni reivindicaciones más allá de las propias, ni de separaciones de un todo, porque nos han educado para que pensemos que este mundo es un todo y aquí somos todos iguales.

Mi vida es exactamente igual independientemente de los titulares de los periódicos, mis amigos son los mismos, mis padres son los mismos, mis circunstancias vitales son exactamente igual, independientemente del empoderamiento de un príncipe maquiavélico de tupé imposible.

No podré llegar a entender, por mucho que conozca, por mucho que lea, por mucho que me abra, no podré llegar jamás a entender los códigos que rigen a otros países de este trozo de planeta.

Pero estoy aquí y apoyo, y respeto, porque una de las cosas que sí nos enseñan es a respetar al otro. Es una constante, porque vives rodeada de muchos distintos y eso es un regalo increíble al que no se debería renunciar.

El mundo es un sitio enorme repleto de personas increíbles, si uno se encierra se lo pierde, y si de algo estoy convencida, tal vez porque soy de Madrid, es que no estamos para perdernos todo lo que este planeta ofrece.

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