22 sept. 2013

La caja .-


Había una vez un huerto donde siempre cada mañana una caja de madera se encontraba a vista de todos repleta de verdura fresca. Quien se encargaba de cuidarlo pensaba que: Era bueno dejar allí las verduras que no podría tomar ese día y se echarían a perder de dejarlas más tiempo en la tierra. 

Sabía la hortelana que quien más necesita no pide, así que ofrecía en silencio esa caja para que el transeúnte que valorara esos buenos alimentos se hiciera con ellos.

Lo que no sabía la hortelana es que la caja era vaciada continuamente por quien menos necesitaba de los productos que albergaba, porque así son las cosas: quien mucho come mucho quiere y quien no come no toma más que lo que tiene. 

Pasaron por aquel huerto varias personas:

La primera en coger la caja entera toda para ella, fue una acérrima carnívora que se creía vegana y que pensó, al ver las verduras brillantes, que le quedarían perfectas en la encimera y allí las dejó abandonadas y siempre que no le brillaban volvía a por más y allí en la encimera las dejaba.

La segunda que pasó por la caja agarró todas las berenjenas y las hizo puré para dejarlo criar moho en la nevera después. Pues tenía esa mujer afición por hacerse con las cosas más buenas pero ningún interés, ninguno, en tener cuidado de ellas.

La tercera troceó cada verdura con mimo y con ellas hizo platos exquisitos, platos que nadie probó, puesto que con nadie quería compartir lo que hacía y ella,...ella tampoco comía.

La cuarta persona que por allí pasó cogió los mejores tomates, los tomó entre sus manos con tan poco cuidado que los aplastó como a los corazones más tiernos que en su vida encontró. Así que poco de ellos sacó.

La encargada del huerto sin embargo vivía ajena a estos terribles (des)hechos. Seguía pensando que sus verduras llegaban siempre a quien bien las merecía. Imaginaba que la niña cansada que por su finca cada tarde paseaba, terminaba cogiendo no todo pero sí algo de lo que la caja le ofrecía cada día.

Un buen día dejó de verla por allí y pensó que al encontrarse mejor gracias a sus verduras cambió de rutina y una nueva vida comenzó. No sabía la hortelana que la niña enfermó y no pudo pasear nunca más.

Puesto que siempre se le adelantaba quien menos derecho tenía y arramplaba, porque amigos, es un hecho:

Que quien necesita no pide y quien más tiene todo todo lo quiere.

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