27 feb. 2012

Un día como otro cualquiera .-



Te levantas y bajas a comprar la comida al mercado como cualquier otro sábado, la mejor pasta, la carne bío, las verduras frescas, como cualquier otro día.

Preparas la casa, haces la comida esperas con ilusión a que vuelva y no llega y no llega y llega y no te mira como otros tantos días, como otros tantos días en los que te daba igual si la risa era la parte fundamental de la mañana o tan sólo una anécdota que recordar.

Y llega ese día en el que ya no dá igual, no ha cambiado nada en tí, no ha cambiado nada en ella, no ha cambiado nada simplemente ese día dejas el tenedor sobre la mesa porque ya no quieres seguir comiendo, te tumbas en la cama porque ya no quieres seguir sentada y lo dejas porque ya no quieres seguir.

Y se abre ante tí un mundo repleto de posibilidades que no te interesaban hasta unos minutos antes.

Cargas las maletas y empiezas a caminar intentando no tropezar, intentando sonreir, esperando seguir cosechando amor, convencida de que todo va a ir bien.

Deseando levantar un día para que sea como otro cualquiera.

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