16 feb. 2012

La "aguadilla" al buzo .-



De pequeña uno de mis mayores miedos era meter la cabeza bajo el agua, me parecía un medio hostil y poco adecuado para un humano alimentado de oxígeno.

Sin embargo en más de una ocasión fuí “bendecida” con la siempre inesperada experiencia de "la aguadilla" a traición, solía realizarla algún amigo idiota del hermano mayor de mi amiga que para demostrar no sé bien qué, me cogía por los hombros estando yo de espaldas y me sumergía no sé si con todas pero sí con muchas ganas hasta el fondo fondo de la piscina de turno. En ese momento yo entraba en una franja interdimensional en la que no sabía si era sueño o realidad lo que me estaba ocurriendo, los pensamientos acudían veloces por mi cabeza entre el asombro y la incredulidad mientras mis brazos sin orden previa cerebral manoteaban hacia la superficie y una vez allí optaba por salir, sonreir al imbecil de turno y como no, esperar para la venganza, casi nunca llevada a fín.

Ironías de la vida, como no, ahora uno de los momentos que más valoro es cuando me sumerjo bajo el agua, con suerte en la piscina no queda nadie y puedo escuchar ese silencio de eco sordo y llevar mi cuerpo sin peso hacia donde quiero e imaginar que no necesito subir mas.

Meter la cabeza bajo el agua y verlo todo azul, bucear hasta que los pulmones me obligan a sacar la cabeza.

Yo me quedaría allí, en silencio, tranquila, bajo el agua, donde nadie pueda hacerme una aguadilla, que nada aporta y fastidian un montón.

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