16 ene. 2012

Igual .-



Las cosas siempre estuvieron allí.

Ella se despertó un día, bajó de su cama levantando la cabeza de su almohada de plumas, levantando su edredón de la cama mullida, poniendo los pies sobre la alfombra, abriendo la ventana de la habitación, la luz entraba suave acariciando su piel aunque ella no lo notaba de esa manera, odiaba despertar antes de las 12 y enfrentar un nuevo día, exacto al día anterior, vacío de sorpresas, tedioso como todos los días, siempre igual.

Nada más despertar automáticamente pensaba en su café y dependiendo de los sueños de la noche en un cigarro y cada mañana siempre estaban allí esperando: el café, el cigarro, la ducha con agua caliente, la ropa en el armario, el móvil encendido vacío de mensajes. Todos los días igual.

Bajar a la calle, ir a la oficina, ordenador, música, el teléfono que suena siempre cuando no debe para interrumpir la monotonía con más monotonía. Así un día, otro día, otro, todo igual.

Llegar a casa, encender la tele apagarla de inmediato tras un rastreo frustrado. Esperar a la hora de la cena, esperar a la hora de dormir, dormir esperando que no suene el despertador antes de las doce, esperando soñar con algo distinto, esperando una caricia en la noche. Siempre igual.

Y de no ser igual ¿Cómo sería?, ¿Cómo sería si las cosas no estuvieran allí?.

Si quieres que cambie cambia, cambia ahora o disfruta de cada segundo, porque si no será siempre todo igual y llegarás tarde igual que siempre para descubrir la sonrisa tras el espejo.

El ser humano es el único animal que se levanta insatisfecho cada día y el único que puede cambiar eso. . . cada día.

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