15 dic. 2010

A puñados .-



Si tomamos alimentos a puñados a penas podemos apreciar su sabor, engullimos de manera voraz sin pararnos a pensar qué necesitamos realmente, sin preguntarnos primero si nos gusta, nos apetece, lo necesitamos o es capricho. Eso sí una vez dentro, el cuerpo tiene que sintetizarlo o regurgitarlo, no hay más opción.

Para el cerebro la cosa es un poco diferente: Si tomamos la información a puñados llega un momento en que se embota y empieza a discriminar, todo está dentro sí, pero no accederemos a ello salvo que lo necesitemos. Pasado el tiempo si es necesario el cerebro se deshará del recuerdo para reemplazarlo por otro tipo de información.

Imagínate qué importante debemos de ser como para que llegue un día en el que nuestro cerebro decida borrar el recuerdo de un beso por el nombre de un plato tailandés, efímero como nosotros, como todo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Has completado unos buenos puntos allí. Hice una búsqueda sobre el tema y encontró la mayoría de las personas tendrán la misma opinión con su blog.