19 oct. 2011

La prisa de los otros .-


Un hombre de cien años ha corrido una maratón, debe de ser muy importante poder seguir corriendo a los cien años. No sé bien para qué.

Nos siguen llenando la cabeza con el rollo de ser el más rápido, ser el que más sabe, ser el que más es de entre todos lo más. No sé bien para qué.

Cada día atropellamos a unos cuantos cientos de personas por ir más rápido, cada día mueren unos cuantos cientos por correr. Y no sé bien para qué.

Esa chica cruza cada día por donde no le toca y yo tengo que frenar cada día cuando no me toca para no llevármela por delante y pienso en la suerte que tiene de cruzarse conmigo que voy hacia los sitios, porque el día que se encuentre con quien vaya corriendo hacia algún sitio no tendrá tanta suerte...Eso me preocupa.

La prisa de los otros me es totalmente ajena, salvo cuando me enfrento ante el riesgo de perder a alguien por esa prisa extraña que no va a ningún lado, es una energía que se quema para nada, no proporciona nada extra, más bien desgasta y puede llegar a envolverte de tal modo que termines corriendo sin saber por qué y correr para no llegar a ningún sitio...En fin.

Al menos quien quiera llegar antes que sea para disfrutar de las vistas en silencio. Si no es así debería pensar para qué tiene que ir corriendo pudiendo ir caminando.

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